Wednesday, May 25, 2011

Los ricos también lloran... Pero no mariconean como los pobres

Jamás entenderé a las personas que odian a la gente rica sólo por el sólo hecho de que tienen cantidades inhumanas de dinero. ¿Cuál es el punto? Digo, todos les tenemos una envidia innigualable, pero de ahí a odiarlos y descalificar cuanto hacen sólo por que son ricos, es una idiotez. La vida no es justa, nunca lo ha sido y nunca lo será. Siempre existirá gente porbre y muerta de hambre así como siempre exisitiremos gente opulente con monóculos y sombreros de copa. Si no es en África, los niños hambirentos eligirán otro lugar para morir (probablemente Florida); después de la caída de Estados Unidos, a manos del EZLN, un nuevo imperio surgirá en otra parte; y los hippies siempre serán odiados sin importar la causa que apoyen.

Es simple y puro darwinismo: La supervivencia del más apto. Los ricos son ricos por una razón, se pusieron las pilas e hicieron su Agosto. Supérenlo y si no pueden superarlo, pues haganse ricos o por lo menos cierren el hocico, sobre todo si no tienen idea de lo que están diciendo.

Sin querer sonar como final de los Thundercats, pero, si la gente pasara menos tiempo criticando asuntos que no le incumben y más tiempo poniendo atención a lo que hace con su propia vida, tal vez, menos cachorritos morirían ahogados en el río.

aaronmaiden

Friday, May 13, 2011

Fuera de forma

Pues voy a tratar de regresar al hábito de escribir seguido aquí.

aaronmaiden

Monday, July 19, 2010

Yo no atropellé a ningún vagabundo.

Era una noche peculiarmente obscura, no había mucho ruido en las calles. O tal vez sí, pero yo sólo podía escuchar el sonido del viento contra las ventanillas del auto. Seguramente sería alrededor de media noche, habíamos estado bebiendo todo el día, y ahora paseábamos a toda velocidad por un suburbio de calles estrechas perdido en medio de la ciudad. Discutíamos acerca de las tipas que dejamos apenas unos minutos atrás en el último bar que habíamos visitado y a las cuales les frustramos el plan de llevarnos a la cama por el simple hecho de que eran unos verdaderos esperpentos (Me disculpo, por lo general no me expreso de esa manera acerca de las mujeres... Suelo ser más ofensivo).

Cada que virábamos en una esquina, las calles me parecían hacerse más estrechas. Estoy seguro que en un par de ocasiones estuvimos a escasos centímetros de dejar una muy buena muestra de pintura en alguno de los carros estacionados. Y para agregar un poco más de dificultad, la zona contaba con una extensa selección de baches en los cuales caer y arruinar el auto. Sin embargo eso no parecía importar y la velocidad sólo continuaba aumentando.

Para este momento la discusión era acerca de lo que haríamos a continuación. Era obvio que visitaríamos algún otro bar, pero decidíamos a cuál ir. Yo iba en el asiento de pasajero así que realmente no tenía alguna obligación de mantener mi vista en el camino. Por su parte, Leo, quien venía manejando, decidió que tampoco él tenía responsabilidad alguna de hacerlo. Cuando al fin carburé que alguien debía echar un vistazo al camino, no pude recordar para que era necesario en primer lugar...

Aun así decidí voltear y alcancé a ver, a bastantes metros adelante, a un vagabundo que se había quedado en medio de la calle, aparentemente enceguecido por las luces de nuestro carro. Decidí ayudarlo. "Aguas con ese güey" le dije a Leo y este le sacó propiamente la vuelta, mientras lo hacía, se dio cuenta de que lancé algo por la ventana y que logró golpear al vagabundo directamente en la cara tumbándolo al suelo al tiempo que soltaba un simple, pero particularmente adolorido "Aaauuch", o más bien fue como "Aaagghhh" no recuerdo muy bien.

- ¿Qué chingados le aventaste?
- Mis lentes oscuros.
- ¿Por qué?
- Pues parecía que le molestaba la luz del carro.
- Eres un pendejo.

Epílogo
En algún lugar de la ciudad amaneció un vagabundo muy feliz porque tiene un bonito par de gafas oscuras de aviador que, aparte de quedarle muy bien con su estilo, protegen sus ojos de los poderosos rayos del endemoniado sol que ha estado haciendo estos días.

Aarón V.

Thursday, December 3, 2009

Hasta la próxima vez.

Disfrutaba yo de un relajante cigarro caminando por el malecón, observando el mar, cavilando sobre todo tipo de cosas, pensando cosas ridículas y no tan ridículas. La inmortalidad del cangrejo, la crisis económica, existencialismos, el trabajo, el pato Donald, etc. Entonces me percaté de un pequeño polluelo gaviota atrapado en una roca rodeada de agua. El avecilla demostraba, con notable esfuerzo, toda clase de acrobacias en su intento de no ser arrollado por las olas. Daba pequeños saltos entre las rocas que se dejaban ver cuando la marea se alejaba tratando de regresar a la orilla, pero no era lo suficentemente rápida y las recurrentes olas le obligaban a regresar a su roca a toda velocidad.
Terminé mi cigarro y medité un poco sobre la posibilidad de bajar los 4 metros de muralla del malecón para ayudarlo. Las escaleras estaban como a medio kilómetro de distancia, así que tendría que descender por el muro. Me decidí y emprendí el descenso, un par de veces estuve a punto de resbalar y partirme la cabeza con las piedras del suelo. Volteé a la roca para ver si el ave seguía ahí y me di cuenta que me observaba, ya no intentaba escapar, como si supiera que iba en su ayuda.
Una vez sobre la playa salté sobre las piedras humedas arriesgando mi integridad física y moral -de caerme, ofrecería un espectáculo por demás gracioso a cualquier espectador que estuviera cerca y observando. Por fin llegué con el polluelo manteniendo equilibrio en dos piedras cercanas, acerqué mis manos al ave, entonces... el muy cabrón se fue volando. En seguida una ola rompió mojando mis zapatos y pantalones con el agua más helada que alguna vez haya escupido el mar. Escuché la risa de unos peatones en el malecón. Regresé a la orilla y preferí caminar hasta las escaleras en lugar de escalar la muralla. En el camino, pensativo de nuevo, encendí otro cigarrillo y decidí nunca más ayudar a alguna criatura en peligro. Pero seguramente lo haré.

Aarón V.

Wednesday, November 11, 2009

Una Vida

Tony entró en la cafetería y vió a Jackie. Inmediatamente supo que ella se atravezaría en su camino. Principalmente porque la cafetería estaba llena y la situación la obligaba a pararse justo frente a Tony. Éste no le hizo mucho caso y se movio para un lado, al costado de ella, para no bloquear la entrada. La miró de reojo y luego saco un libro de Jacques Réda porque si hubiera sacado su copia de Little Women no se hubiera visto tan genial. Ella, al darse cuenta de que estaba él ahí, volteó a verlo. Lo miró detenidamente por unos instantes y después sacó su iPod, se puso a escuchar algo de The Birthday Party y subió el volumen para que tal vez pudiera escuchar algo sobre sus audífonos.

Pasaron varios minutos así.

Por fin llegó el momento que los atendieran, cada quién en una caja diferente.

Salieron al mismo tiempo de aquel lugar, se voltearon a ver y dedicaron, cada uno, una sonrisa al otro. Tomaron caminos distintos y jamás volvieron a encontrarse.

Hasta la fecha, ninguno de los dos tiene idea de la vida que se están perdiendo juntos.

Aarón V.

Friday, October 30, 2009

Mi Vida Ideal

De niño había visto imágenes de personas trabajando en una linea de producción. Jamás las pude de quitar de mi cabeza. En parte fascinado y en parte atemorizado por la idea. Esas imágenes se instalaron en mi mente y de vez en cuando algún suceso me las recordaba vividamente. Por eso, cuando comencé a encontrar paralelismos en mi vida cotidiana no pude reaccionar de otra manera. Los psicólogos deben tener un nombre para esa clase de reacción. Vamos, el impacto causado por un trauma de la infancia se expone en "El ciudadano Kane", la película más famosa de todos los tiempos, el punch line radica precisamente en el trauma de Charles. Supongo que si Hollywood lo sabe, los psicólogos deben tener un nombre rimbombante para el problema.

La verdad es que una vez que me cayó el veinte, la reacción fue prácticamente automática. Me gusta pensar que cualquier otra persona en mi situación hubiera reaccionado de la misma manera. No se me puede hacer enteramente responsable por actuar de la manera en que lo hice. ¿Verdad?
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Siempre he visionado lo que quiero en la vida, todo está claro dentro de mi cabeza. También, siempre he hecho todo lo necesario para conseguirlo y siempre lo he conseguido. Ya saben el trabajo ideal, la casa ideal, el auto ideal, la familia ideal, viviendo en la ciudad ideal y demás cosas ideales. He tenido que hacer un par de sacrificios que realmente me costaron, y mucho, pero en favor del bien mayor, como ya he dicho, hare lo que sea necesario. Lo que sea.

Supongo que eso fue lo que me llevo a las circunstancias que ocasionaron todo este desastre. Todo comenzó esta mañana. No, de hecho comnezó mucho antes. Yo era apenas un adolescente pendejo, maravillado por las historias del Ché, Fidel y demás compinches. Maravillamiento que desapareció una vez que me di cuenta que las imágenes del socialismo eran atemorizantemente parecidas a las de las líneas de producción, esas de mis traumas infantiles. Decidí en ese momento que de ninguna manera terminaría de así. La idea de pasar todo el día haciendo la misma actividad una y otra vez hasta caer muerto con manos callosas y sangrantes no me pareció muy atractiva. No sé a ustedes. Entonces hice lo más lógico que pude haber hecho en ese momento: Me lancé de cabeza sobre los brazos del capitalismo, adopté gustoso todas y cada una de sus costumbres e hice del dinero mi religión.

Y resultó bien, obtuve mi educación ideal en la escuela ideal, donde conocí a los amigos ideales. Después, el trabajo ideal en la empresa ideal, lo que me llevó a conseguir el auto ideal, la mujer ideal, la boda ideal, la casa ideal que incluye su respectiva deuda vitalicia ideal con mensualidades ideales y que los hijos de mis hijos (todos ellos ideales) terminarán pagando. ¡Diablos!, hasta el perro ideal. Odio a los perros. Bueno, no los odio pero no me agradan. Prefiero los gatos. O las aves. Tal vez un roedor...

Pero bueno, regresando al tema, así, sin problemas, transcurrió mi vida ideal. Hasta esta mañana. Me encontraba yo muy felizmente trabajando en la oficina y, a diferencia de otros días, mis compañeros decidieron callarse por un momento. Momento en el que todo lo que se escuchó fueron teclados, y plumas sobre papel, y que fue suficiente (el momento) para que la visión me llegara como una patada directa a los metafóricos testículos de mis traumas de la infancia. Pude ver claramente la imagen descriptiva del proceso que desarrollamos -es que está pegada en la pared frente a mí. Comencé a extrapolar mis ideas, volteé a mi escritorio viendo los requerimientos que día a día lleno, siempre los mismos. Eché un vistazo a la oficina del jefe y ahí estaba, gordo y desagradable, sudando, rascandose la panza y golpeando su lápiz contra la mesa. Finalmente me levanté y observé a mis compañeros, todos ellos encorvados sobre sus escritorios haciendo una y otra vez la misma actividad. Estaba completa, igual a esas imagenes grabadas con fuego en mi mente, horripilante: Una línea de producción para las clases media-altas. Llena de mediocrdad y conformismo. Todos laborando al ritmo del tambor que golpea un tipo gordo -por alguna razón con máscara de cuero- por encima de nuestras cabezas organigrámicas.

La reacción fue casi inmediata. Una vez que todos regresaron al ruido habitual yo ya sabia lo que iba a hacer. Y lo hice. Ahora escribo esto en los minutos previos a que llegue la policía a arrestarme. Y siendo sincero, lo escribo con el fin de justificarme. Quiero pensar que quién lo lea me comprenderá y no me hará enteramente responsable por actuar de la manera en que lo hice. ¿Verdad?

Aarón V.

Wednesday, October 21, 2009

Euforia

Su canción favorita comenzó a sonar en el bar.
-Sabes, nunca he tenido una congestión alcohólica.
Le dijo a su amigo.
-Y hoy me parece una buena noche para intentarlo.
Horas más tarde estaba muerto.

Aarón V.